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Entorno

Lanzarote posee el paisaje más singular del archipiélago canario, modelada con la lava de numerosos volcanes, y con su aspecto lunar que en el Parque Nacional de Timanfaya alcanza matices espectaculares.

A pesar de la endémica escasez de las lluvias, de la vecindad de la calurosa África, la isla reúne condiciones para la viticultura, un milagro que se debe en partes iguales al trabajo incansable de los viticultores y a la benéfica acción de los vientos alisios que llevan la humedad del Atlántico sobre su atormentada geografía. Siendo la viticultura de Lanzarote uno de los ejemplos más patentes de esta lucha dramática del hombre y el medio.

El viticultor, después de librar una gran batalla con la lava en busca de la tierra vegetal, ha tenido que hacerlo también con la escasez de lluvias, ya que la pluviometría media anual es de 150 mm., aunque la existencia de los vientos Alisios que condensan la humedad del océano sobre la porosa ceniza volcánica, que actúa a modo de una oscura esponja que retiene el rocío y se lo transmite a las parras durante el día. Una lentísima osmosis que permite que se produzcan sobre la ceniza volcánica excelentes frutos, algo que los conejeros han sabido utilizar sabiamente.

El agricultor ha confeccionado hoyos en forma de embudo en la capa de ceniza volcánica hasta llegar cerca de la tierra vegetal y allí en el fondo de éstos, que a veces tienen más de dos metros de profundidad, planta de 1 a 3 vides por hoyo, construyendo para la defensa de estos hoyos del viento constante, muros de piedra en forma semicircular y de 60 – 70 cm. de altura, cada uno de los cuales protegen la cepa de ser cubierta por la ceniza volcánica. En zonas donde la capa de Lapilli es menor (Tinajo, Masdache, Yé-Lajares) estos muros semicirculares se construyen para la protección de la cepa contra el viento.

En términos generales, el viticultor conejero, gracias a su labor constante y tenaz, ha sabido integrarse plenamente en el paisaje natural, respetando la dura y caótica naturaleza en escenarios fascinantes capaces de producir un imprevisible sustento.

Uno y otro sistema son de una gran originalidad y belleza, especialmente en la zona de la Geria, y gracias a ellos el paisaje de la isla está salpicado de viñedos que suman unas 2.000 ha. Y que producen, como no podía ser menos después de tanto derroche de trabajo e ingenio, excelentes vinos.

La zona de producción de esta Denominación de Origen se extiende por los municipios que constituyen la isla, distinguiéndose tres zonas vitícolas principales:

  • La Geria: Zona de viña situada entre los municipios de Yaiza y Tías. El enarenado es natural de hasta 5 metros de profundidad, fruto de las erupciones volcánicas.
  • Masdache: Es la zona más extensa y podemos diferenciar dos subzonas, la de Tinajo donde el sistema de cultivo es el de zanja perimetral y propiamente Masdache con extensos viñedos.
  • Ye-Lajares: Zona comprendida entre los municipios de Haría y Teguise. Es una zona de baja productividad dado el tipo de suelo de la zona. El marco de plantación es único en el mundo. Su cosecha es la más precoz, ya que se inicia la vendimia en el mes de julio. El mosto termina su fermentación cuando el Beujolais (el más temprano vino de Europa, según dicen) está todavía en la parra.

Las variedades con las que se elaboran los excelentes caldos que se producen en Lanzarote son: Malvasía, Listán Blanco, Moscatel, Diego, Burra Blanca, Breval, Pedro Ximénez, Listán Negra y Negramoll. La viña, predominantemente Malvasía, está perfectamente adaptada al medio y da una uva pequeña, de escaso rendimiento, pero de gran calidad por su equilibrio, sabor y perfume que luego traslada al vino. No debemos olvidar la variedad diego, variedad de maduración tardía y que proporciona unos vinos muy aromáticos.

La mayor parte de la cosecha se destina a la elaboración de vinos blancos, ya sean secos, semisecos, semidulces, dulce, vinos de licor, crianzas y espumosos, aunque también haya que destacar no sólo los rosados, sino también sus tintos de gran calidad. Los blancos jóvenes son vinos de color amarillo pajizo, muy aromáticos, destacando la personalidad que les confiere la “Malvasía”.
Agradable en boca, equilibrados y con un final seco almendrado.
Los rosados son vinos de color Rosa – Grosella, frescos, afrutado y persistentes. Los tintos son, en general, vinos de mediana capa, cálidos y de buena estructura. Los vinos de licor elaborados a partir de la variedad Moscatel son muy generosos, aromáticos y de excelente calidad como vinos de postre o aperitivo.
El rendimiento por hectárea constituye todo un récord negativo; oscila entre los 1.000 y 1.500 kg. la producción de la isla está sometida a los antojos climáticos, oscilando la producción entre el millón y los tres millones de kilos.

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